Friday, November 07, 2008



Tristeza….



Por algún agujero se escapo mi alegría un día, se llevo ese impulso natural que tengo siempre y el gozo con que enfrento cada amanecer.
No me supe triste hasta que repentinamente el miércoles en la tarde me dio por confesarlo, lo bueno, lo audaz es que no solo lo puse en palabras, las mismas que no me había atrevido a escribir, sino que también me escuche.
Estoy triste, y es un sentimiento que no me gusta, prefiero estar enfadada, inconforme, molesta, porque la incomodidad que me generan esos sentimientos me hacen salir de ese estado rápido, lo vivo y lo asumo a alta velocidad, en cambio la tristeza, esa es distinta, esa anida en mi corazón y yo no puedo hacer nada por detenerla, me cae sobre los hombros con un peso intangible pero ciertamente real, me invade todo como una nube y me duele hasta sonreír, lo peor es que no encuentro palabras para lo que siento y mientras me apago poco a poco no se como explicármelo o como salir del sitio a donde me va llevando.
Estoy triste y lo admito.Lo asumo. Se que no se va a quedar para siempre, pero no puedo esperar a que la vengan a buscar, quiero echarla.
Temprano ese mismo día, una amiga me expreso su deseo de que terminaran de reparar el 2% que falta del carro rápido, para que volviera a ser yo, ¿es que solo soy feliz cuando tengo carro? ¿Es que mi ánimo depende, subsiste, crece y vive prendido de algo tan material y vano? Mi respuesta fue un no, mas bien un No rotundo.
En medio del vaivén del metro, de ese vapor de aire encerrado y cuerpos, mi cabecita trabaja a millón, en lugar de atormentarme con la tristeza, pienso en que me hace feliz, al llegar a mi destino y con mas de una hora de espera por delante decido darle a mi espíritu un poco de lo que le gusta, pienso en la lista que un día hicimos con Romina (que para esto es, para sujetarnos en estos momentos).
¿Qué hace a Silvia feliz? Cerca encontré una librería, entre para buscar consuelo, ayuda, inspiración en el olor a papel que tanto me gusta, incluso con la tentativa de comprarme algún libro. Está vez no fue suficiente, posee mis ojos sobre algunos libros que quiero leer, hasta recorrí los de autoayuda, pero ninguno decía “Como salir de la tristeza en 13 pasos prácticos”. Salí con la dichosa preguntita a cuesta, entre en una juguetería con la idea de anticiparme a las compras navideñas o por lo menos tener una idea. Ningún adorno o juguete logro conmoverme. Deambule por los pasillos del centro comercial, con la insistencia de la pregunta, pase por una heladería, por una selección de música, por una peluquería sin atreverme a entrar en ninguna tal parecía que necesitaba algo diferente, algo que no comprometiera mis gustos ni mis afectos, así llegue a una tienda por departamentos y en la soledad de la sección de zapatería le di rienda suelta a mis deseos de probarme zapatos, (cosa que en general me deprime un poco porque nunca consigo numero o no me gustan como me quedan) pero milagrosamente todos los modelos estaban en mi número, además me provee zapatos que en mi vida compraría, de unas alturas considerables, de colores brillantes e incombinables con la mayoría de mi ropa como el amarillo, rosados, con huequitos en cualquier parte, sandalias, plataformas, conforme me los intercambiaba note que todos me sentaban cómodos, (aun después de todo un día en mis propios tacones y la caminata al metro y el deambular por el centro comercial) y se me veían bien. Y fue allí, en la simplicidad de esa acción, sin ninguna razón aparente (porque lo que menos pensaba era comprar zapatos y de hecho no los compre) donde decidí que me estaba perdiendo de mucho, que estaba perdiéndome la oportunidad de disfrutar de esas cosas buenas que la vida me estaba entregando en ese momento solo por cargar esa tristeza.
Llegue a casa con la armadura puesta y la decisión tomada, la enfrente con la mejor estrategia que pueda existir : la sorpresa, y si bien la contienda se extendió un poco más de lo que quería, finalice sin llegar a la parte donde se determinan los vencedores y los vencidos, pero no hizo falta porque entre ganándole, entre clarísima de que no le iba a permitir un solo respiro más dentro de mi, aquí la que esta al mando de mi vida soy yo, entiendo que ella tiene que visitarme, pero bajo ningún termino quedarse. No se lo permito.
Después de una exhalación profunda comprendí que las cosas nunca son exactamente como una las sueña, pero igualmente son, y que si sentir tristeza es malo, ser la causa de la tristeza de alguien es peor, porque no es algo que pueda reparar.

Silvia.