Sunday, July 27, 2008

¿Escucha Dios cuando le digo: “Gracias”?

Al frente, sobre un camión de estacas cinco hombres van dando tumbos, manteniendo el equilibrio, uno de ellos encendió un cigarrillo, lo aspiro con pausa y soltó el aire mezclado con el humo lento, tenía el cabello cubierto de un talco gris, pedacitos de piedra en la chemise y el peso del día en los hombros algo caídos.

Lo imagine llegando a su casa, ante la frugalidad de una cena preparada por manos igual de cansadas, quizás unos niños dando vueltas por la casa entre risas y llanto, lo imagine frente al ahora que vivía y al mañana que lo esperaba sin muchas sorpresas.

Palpe la ciudad con cuidado desde el mismo corazón de cada habitante y la realidad se abrió paso ante mi creando nuevas dimensiones para ese abismo al que me he asomado tantas veces y alejándome de mi mundo de hadas donde todo huele a rosas, a rosas sin espinas, es decir sin dolor y la justicia, la honestidad, la igualdad persisten.

La realidad es otra cosa. Un estado, un mundo, un lugar al que no me gusta ir, al menos no por voluntad propia, pero me aborda, me busca mas veces de las que estoy dispuesta a reconocer, más que nada por lo caro que cuesta soñar en ella, por lo difícil que es verle la cara y no sentir, por lo fácil que es hablar de ella y saber que no hay un remedio, una solución, un planteamiento. Es y punto. Desde allí me visten de despistada, de frívola, de tantas cosas que terminan generalmente con una frase contundente, velada de reclamo: “¿En que mundo vives?” En este mas de lo que me gusta, quisiera responder, pero me callo, porque hay preguntas que nacen para que nadie las conteste. Ni siquiera yo.

Dios me rescata de mi dosis de realidad, dándome muestras de lo perfecto que creo todo, para cada realidad humana como herida abierta, el tiene un camino, una mano que extiende firme y antes de que caiga me sujeta y después que lloro por unas penas que no son mías en lo cercano pero me pertenecen como nos pertenecen a todos me seca las lagrimas con un soplo de brisa, me cobija el corazón con un atardecer anaranjado que lo entibia y lo derrama, me renueva la esperanza en una sonrisa llena de dientes ajenos, por un instante en medio del caos, del dolor, calma mi sed con fe.

El mundo sigue girando parece decirme, mientras guarda entre sus mangas todas mis preocupaciones que ya iban abriendo brechas para dejar correr mi angustia y anidar en mi garganta con un nudo cerrado que impide el llanto y riega la desesperanza en todo mi ser. Recoge cada uno de mis “no es justo”, con la paciencia infinita de un padre, porque sabe que explicarme los porque no vienen al caso en un aquí y un ahora, los entendimientos vienen en un futuro cuando el injusto hoy sea solo la piedra que el movió para abrirme un nuevo sendero.

Por eso en medio de este cobijo que me proporciona me siento amada y escuchada, llena de las bendiciones diarias, y le agradezco de corazón lo que se me concede pedido o no. Lo que me ocasiona zozobra, que me deja con el alma en un hilo y el aliento entrecortado, es saber si además de escuchar lo que le pido, me escucha cada vez que le doy las gracias, ¿o es como aprendí hace poco que existen circunstancias en las que al dar las gracias, una respuesta así sea ese recurrente “de nada” sobra?.


Sunday, July 13, 2008




¡Por fin 40! La última frontera de los treinta me tenia aburrida, sujeta a un target al que ya no pertenecía o por lo menos al que sinceramente no creía pertenecer. Era un limbo innecesario.
No se a donde me conduce este punto y seguido, este estreno de década y eso precisamente eso es lo mejor de todo, lo impredecible que puede ser lo que comienza, el ejercicio diario de mi capacidad para sorprenderme y que tanto me gusta. La continuidad de cientos de millones de primera vez...
Estos últimos días ha vuelto la niña_ como hacia mucho tiempo que no venia_ le da por sonreír mucho, pensar en su día de cumpleaños, en su torta de cumpleaños, en como celebrarlo, pero la niña es terrible, habla atolondrado que casi no se le entiende, escribe poco, abre mas los ojos, es impaciente por naturaleza y caprichosa, muy caprichosa. Además de consentida, siempre quiere salirse con la suya en todas las situaciones y de mas esta decir que la mayoría de las veces lo logra, no se como, no siempre exactamente como ella quiere, pero lo logra. No está mal que ande por aquí, pero solo por unos días ni hablar de quedarse...
365 días de “¿Qué quiere Silvia?” han sido en algunos casos un ejercicio arduo en otros un ir y venir de negociaciones conmigo misma, en las cosas simples, en las importantes para mi lo he logrado, he aprendido a escucharme y a desoírme de vez en cuando también. Saber lo que se quiere es una ventaja por si misma, se den las cosas o no...
Ha sido un buen año, y desde aquí me gusto, me gusta lo que hago y hacia donde voy, a veces más lento, a mi ritmo, pero cuento con que mis pasos sean firmes y nada más.
Me gusta mi día de cumpleaños, es un día mágico, un día que hasta el horóscopo conspira para que sea perfecto ( y lo es solo porque yo lo decreto) me gustan los regalos pero más aún los abrazos, siempre he pensado que en el día de cumpleaños son distintos, más sentidos más intensos...y si tengo que confesar que es lo que me gusta menos es la leve turbación que siento cuando llega el momento en que me canten frente a la torta, no se que hacer con las manos, sonrío un poco incomoda, es un momento de recibir al que no estoy acostumbrada...

Saturday, July 05, 2008


“El Ojo Derecho”


Amaneció jueves, todavía no entra la luz natural por la ventana, así que un bombillo vestido de vidrio lo suple, ella se sorprende negativamente al verme, comenta que las sombras hacen que me vea más protuberante y rojo, “anoche antes de irnos a dormir no estaba así” asegura y con un dejo de preocupación sugiere que me lleven a un oftalmólogo lo antes posible. Él no accede, y yo me siento aliviado, porque lo que menos quiero hacer es ir a que me examinen, esas cansadas instrucciones de vea aquí, ahora hacia arriba, hacia abajo, lea allá, y encima las gotas que me sedan que me abren hasta mas allá de mi control y el mundo se me vuelve un machón indefinido.

Hace días coincidiendo con nuestro regreso de un viaje, comencé a sentirme extraño, con una punzadita de incomodidad que no llegaba a ser dolorosa en si, lo tome con calma, achacándole el asunto a algún objeto imprudente metido donde no debía, me ha ocurrido otras veces, un grano de arena, una partícula de tierra, en fin, basta con que me ponga algo lloroso, basta con que convenza al párpado superior que baje mas veces de las necesarias y listo. Pero está vez no.

Él comenzó a notarme, me examinaba con delicadeza parado frente al espejo (de que otra manera podría examinarme sin mi ayuda)Ignoraba hasta a mi gemelo izquierdo, usándolo solo como referencia para catalogar mi mal .Yo disfrutaba de está nueva situación de poder y atención total.

Todo sucedió deprisa. Un bulto suave comenzó a crecer sobre el párpado superior, en pocas horas y para el final de la tarde en esa bolsa que tengo debajo, y que si no me equivoco llaman ojeras, creció una protuberancia rojiza que se extendió alcanzando mis pestañas inferiores, haciéndolas subir hasta casi unirlas con las de arriba también hinchadas.

Esa tarde Él llego a casa con una crema oftalmológica que nos dejaría libre del problema. Y de la antiestética forma que había adquirido yo. Ciertamente me encontraba encantado, a mi alrededor solo escuchaba ¿Qué te paso? Mencionando mi nombre, incluso las bromas de oficina estaban dirigidas a mi y mi nueva situación, los reproches para ella iban en el mismo tono, “hasta que te acuerdas de preguntar por...”y nuevamente incluía mi nombre la frase. Por mi que mi, que nueva situación siguiera así una eternidad, al fin se me daba el lugar y la importancia que merezco.

Cuando él se quejo de que la situación seguía por las mismas, ella le explico que la crema quizás no era la adecuada, en el mercado existían otras marcas mas eficaces, que recordara aquella vez cuando la pequeña tubo ese problema durante un sin número de días, solo tal marca le había quitado todo, yo callado, hinchado, rojo, feliz de ser siempre el centro de la conversación, lo primero que se mencionaba.

Pero el jueves fue distinto, cuando por fin vencí el temor a la luz y trate de abrirme para ver el mundo, solo me asome por una rendija, por una rendija rosada y manchada con las sombras de las pestañas superiores. Ese día no fuimos a la oficina. Mi gemelo solo no está acostumbrado a defenderse en el transito capitalino, además la simetría del rostro estaba tan descompuesta que rayaba en la desfiguración era lo que veía cada vez que intentaba atisbar fuera de mi nuevo mundo de sombras haciendo mi mejor esfuerzo para abrirme . También apareció el dolor, una punzadita mas molesta que otra cosa. Él la llamo para decirle que nos quedábamos en casa. Ella llamó al médico, que después de recomendarle visitar a un especialista le receto un antibiótico y una crema. Yo quería que se tomara todo de una vez, que me embadurnara de todo potingue que consiguiera con tal de volver a ser el de antes, el diáfano, el que apenas se nota, el desapercibido con su gemelo, el que aparece en las canciones, mas por lo que hace, mas para lo que sirve que por quien realmente es, pero lo viéndolo todo claro otra vez.