
Felix, La Cola del Huracán
Avanzamos por la carretera recogiendo recuerdos, parecían sembrados sin orden cronológico. “ Esta recta me recuerda a la Tía Marisol, pasando carros en plena cola, ¿Te acuerdas?”, “No”, “Claro que no seguro ibas atrás vomitando”.” Era cuando íbamos a Playa Pintada” “Que dices estamos lejisimos de ese lugar, ya lo pasamos” Ni siquiera me dio un poquito de remordimiento ser tan despistada, él sabe y yo también que la brújula me funciona cuando hace falta de resto vivo flotando. Nos sorprendió una garúa leve, el sol se escondió y las nubes se tornaron de un gris tenue resplandeciente a los lados del camino, de frente y a futuro el cielo ennegreció al instante.
" Vamos a la tormenta” dije distraída antes del primer flash de luz seguido por un estruendoso trueno, “Fantástico, Relámpagos y Truenos” comente con cierto orgullo de poder soportar los dos fenómenos naturales sin temblar como una hoja ni buscar instintivamente esconderme, él no me contesto pero encendió sus alarmas, un rayo cruzo el cielo, con su dibujo eléctrico garabateado y perfecto. Él me miro por el rabillo del ojo.
“Ya lo supere_ añadí_ pero una vez en Miami, en esa ciudad sin montañas, me quede en el carro encerrada encogida en el piso hasta que la tormenta termino”, sus alarmas pasaron a la fase roja. “ Es imposible que caiga un rayo” acertó a decir mientras el segundo nos iluminaba después del relámpago a la derecha, volví a Belvedere en cuestión de segundos, mi abuela cruzaba la habitación para apagar el televisor y la plancha con una sola mano y apartarme de las ventanas con la otra, entre tanto un rugido de trueno estremecían los adornos de la mesita. “ Ya lo se_ le conteste para demostrar que no soy tan tonta _ ves esos árboles, mientras ellos estén sobre nosotros no pasa nada”. Y justo cuando termine de decirlo un tercer rayo toco tierra tan cerca que pude ver un destello rojo al final. “ ¿Vistes esa luz roja?”, “No lo vi, de todas formas dentro del carro no pasa nada,_ comenzó a decirme mientras trataba de medir la intensidad de mi miedo_ los cauchos que son de goma nos aíslan y nos protegen, igual que con la electricidad, y los zapatos de goma ” Otra vez mi abuela y esa nevera antigua que daba corriente en la manilla, con o sin zapatos, Él intento algo más, mientras milagrosamente entre charcos que cubrían la vía y ríos de barro en las calles paralelas fuimos dejando atrás la tormenta aunque seguimos envueltos todavía en una fina cortina de agua “ Si, es más, si nos cae un cable a alta tensión en el techo, no nos pasa nada porque no estamos haciendo tierra y los cauchos nos aíslan siempre y cuando no se nos ocurra salir del carro” Se me antojo algo fantástica la teoría, hasta me hizo reír.
“ La condición es no salir” “No puedes salir hasta que no vengan los bomberos y retiren el cable o corten la electricidad”, “ Y que nada mas nos quedamos dentro, ¿podemos tocar las puertas?¿O la carrocería? ¿Nos encogemos en el asiento? ¿Y los pies?”, “ A tanto no llego” Contesto él, contra mi lluvia de preguntas curiosas como si el hubiese estado en esa situación o fuese bombero de rescate, “ ¿Y...” dije abriendo otra pregunta, pero su mirada me indico que la paciencia de los hermanos tiene su limite y de todas formas la teoría ya había dado resultado, entrábamos a Barcelona y los nubarrones negros estaban atrás.
Silvia.