Tuesday, October 10, 2017

EDGAR


He dejado de vivir en el pasado, cualquiera que sea, abrazando el presente con mi corazón en una asana de yoga. No hay nada mejor. Pero (siempre hay un pero en mi) ¿No es el presente un instante que pasa, para convertirse en pasado? Definitivamente si, de manera que lo aprendido al final del día prevalezca. La clave esta en poner puntos finales (cerrar capítulos o como quiera llamarse) y borrar para siempre la frase “Todo tiempo pasado fue mejor” que  nos mantendría encerrados en lo que fue y no en lo que es.  La verdad es que el tiempo es tan relativo que me pone a sudar, solo para explicar lo básico podría tardar siglos (valga la exageración) y todavía quedarían cosas por decir .

En todo caso, creo que el pasado deja memorias que nos hacen más fácil el presente, como quedo demostrado el fin de semana cuando me toco desarmar el modem para ver si podía repararlo y restablecer el internet en mi casa.

Si Edgar no hubiese estado en mi vida, estoy segura que no se me hubiera ocurrido ni siquiera pensar en quitarle los tornillos a ese aparato. Y aunque no pensé en sus ojitos en  raya ni una vez en todos estos años, me guiaron por esa memoria dormida que permite  saber de donde viene cada cosa, en este caso sobre la tarjeta electrónica una vez que la tuve en frente. Limpie con cuidado esa pelusa que de manera misteriosa entra en todos los aparatos electrónicos, busque los puntos de soldadura para verificar que no se hubiera levantado ninguno para después pasar mi vista sobre los condensadores, transformadores, diodos y circuitos,etc Y cuidadosamente enderezar alguno, volverlo a su lugar.

 Mientras volvía a colocar los tornillos en su sitio, una vez terminada la tarea, escuche la voz de mi profesor de física a punto de perder la paciencia al verme en el pasillo con Edgar enrollado en mi suéter rosa, acunándolo en mis brazos  como un bebé.

_ Como pretenden que encienda ese voltímetro si se lo pasan  arrullándolo. _  vociferaba mientras abría el laboratorio y ese ceño fruncido  que casi sujetaba los lentes mientras me miraba negando con la cabeza, tratando  de enfadarse conmigo sin mucho éxito, para terminar sonriendo a mis inventos. No hacia el intento de quitarme a Edgar, así que el seguía acomodado en mis brazos hasta que me señalaba la mesa para que lo apoyara ya vencido por mis risitas escondidas ante tanto regaño.

Era el día de la prueba final, me gusta pensar que era jueves, seguramente en la tarde, cerca de las tres. Un jueves caluroso, las  ventanas basculantes del laboratorio abiertas y un ventilador en una esquina con ese sonido plop, plop ,plop, del aspa pegando por un costadito, sin ruidos de  la calle que dormía a esa hora. Cinco pares de ojos puestos en Edgar sobre el mesón. Y el relajado. El trabajo de todos esos meses. Algunos cruzaban los dedos. Edgar encendía, pero le costaba mantener los ojitos abiertos y marcar la medición. Unas miradas mas molestas del profesor, aludiendo otra vez a ese trato de aparato en adopción que le dábamos las chicas del equipo a Edgar. La cara seria de Gustavo el único integrante masculino del equipo, al fin sintiéndose comprendido por un igual. Las manos gruesas y algo nudosas del profesor manipulando al voltímetro como lo que es: un aparato sin corazón.  Unos ajustes aquí y allá. Al fin marca los números. Quedo listo para usarse y  Edgar se quedo a vivir en el closet del departamento de física del liceo. 

**Silvia**






Monday, September 04, 2017

Lo que no consume el fuego, el agua se lo lleva.



  Nadie me lo dijo, lo fui adivinando poco a poco. Miriam no tenía por hábito informar de ninguna novedad en la casa. Siempre anotaba con sumo cuidado los turnos para el uso común del baño y la lavadora, pero olvidaba participar  la llegada un nuevo inquilino; Esta vez su misterio tenía cuatro patas, una cola larga y rayas grises, y me provocaba repetidos estornudos cada vez que me encontraba en casa.
 Las personas no suelen  quedarse por mucho tiempo con Miriam, así que es costumbre ver entrar y salir gente cargando  maletas y cajas de cartón amarradas con mecates  no soy muy sociable así que tanto tránsito humano con el tiempo terminó por cansarme, mientras que ella siempre ansia tener compañía. La nueva inquilina me obligó a ajustar mis propias reglas de convivencia, después de todo soy el más antiguo. La habitación que ocupo es la más pequeña de las dos, en principio porque  no necesito mucho espacio,  la cama, una silla que heredé de Miriam, la cual enseguida adapté,  una mesita para la lámpara donde obligatoriamente apoyo el vaso de agua y los lentes de lectura, un closet de dos puertas que no llega a ocupar la pared, y he ido armando con toda la  dificultad de mis dedos cortos  alguna biblioteca,  para que los  libros que crecen como la menta en el balcón encuentren apoyo… Y casi lo olvido una escalerilla de metal roja  de dos tramos, que guardo celosamente tras la puerta y que me alcanza al mundo.

Miriam salió un sábado a comprar fruta a la feria  que se instala en la acera  y regresó con Mimí, una gata raquítica y desconfiada. No existió manera de hacerle entender a esta encantadora señora que no puedo vivir con una gata. No le importaron mis peticiones, mis  amenazas de irme y menos que menos mi alergia. Mimí se convirtió en la mascota y yo me hice adicto a cuanta medicina me calmara  . Se adueñó de la casa. Pasa rozando las piernas cuando quiere  mimos, emite unos quejidos graciosos para pedir comida o agua, Miriam se distrae de estas tareas, así que  si yo la escucho me compadezco  de ella y le llenó el plato, siempre que su comida esté a mano.  Maúlla como loca y araña la puerta a cualquier hora de la madrugada para que la dejen entrar o salir según sea el caso,  los demás inquilinos le abrían y dormían con ella, Mimí tenía prohibido entrar a mi habitación. Su lugar favorito en el día es la ventana. En ocasiones se desaparece, como toda buena gata se aburre de nosotros y se va de ronda.
Vivimos en un piso cuatro, lo que siempre me pareció más que adecuado, no me gustan los pisos altos, pero no sé como se las arregla Mimí para salir con esas alturas. Tengo mi rutina establecida,  por las mañanas salgo a caminar por la cuadra una media hora, regreso a bañarme y desayunar para dedicarme a la lectura. Alrededor de las cuatro ya estoy camino al trabajo, ataviado con camisa blanca y pantalón negro, me dedico a servir mesas y hacer sugerencias hasta la media noche. Luego regreso a casa a descansar hasta la siguiente jornada.
Hace dos años la mañana de navidad todo parecía en calma, regresé a mi habitación cerca de la once de la mañana,  había salido contra mi voluntad a comprar un libro, el día anterior  le comuniqué a mi familia, que no podría ir en Nochebuena; sorteamos a quien le tocaría el turno  de la tarde en el trabajo y  salí ganador, no se para qué me molesté en participar en el sorteo, mi suerte siempre ha sido contraria a mis deseos. Mi madre me recomendó que me comprara algo de su parte y eso había salido a hacer. Me senté en la silla del cuarto y comencé a hojear la antología del poeta Eugenio Montejo, en perfecta combinación con el azul limpio del cielo,  el aire impregnado de vapor de hojas de plátano y carnes asadas que viajaban desde las cocinas hasta  mi habitación. De vez en cuando una tempranera detonación de un fuego artificial rompía con la letra de algún aguinaldo lejano. Todo estaba en preparación, el tiempo parecía deliciosamente adormecido.
Tenía la casa para mí solo, libre de ruidos e interrupciones molestas.  Cerca del almuerzo pasé por la cocina con la intención de prepararme un sanduche, me quedaban un par de horas libres antes de comenzar  mi turno los cuales pensaba aprovechar al máximo. De camino a mi habitación  un intenso olor a quemado me inundo el olfato, “A Alguien se le quemó el pernil” pensé sin malicia, y aun así  di una ronda por el apartamento desierto, como si alguien ajeno a mí pudiera haber dejado encendido algo. Pasé cerca del balcón donde  Miriam veía televisión, por la puerta de los cuartos ahora vacíos, volví hasta la cocina, me incliné en el horno aún sabiendo que no lo había encendido, y fue en ese preciso instante al ponerme de pie que mis ojos divisaron una columna de humo negro, dispersándose mientras ascendía. Venía de los pisos de abajo no había duda, tomé las llaves y sin detenerme a razonar que era lo que se hacía primero  en estos casos, podía haber llamado a los bomberos, por ejemplo y  bajé las escaleras. 
_¿Qué ocurre?, ¿Llamaron a los bomberos?_ pregunté como si no fuera obvio, acercándome a la entrada, después de abrirme paso entre las vecinas que contemplaban la puerta. Con solo poner la mano sentía el calor intenso y el crepitar de las llamas devorando ya la madera por dentro.
Llegaron varias personas más uniéndose a la contemplación de la puerta, una bella muchacha con la cabeza llena de rizos, y unas sandalias anaranjadas me sonrió desde lejos. En alguna ocasión habíamos compartido el ascensor.
En eso, cuando ya estábamos listos para bajar, y yo pensando como iba a hacer para disimular lo mucho que me cuesta salvar cada escalón, llegó de la nada una de las dueñas del apartamento.
_Rosa, se quema tu casa_ anunció la vecina_ ¿Dejaste algo encendido? ¿El horno? ¿La plancha?._ la interrogaba sin tregua.
Rosa se llevó la mano a la boca, y todos los presentes pudimos sentir ese salto en el estómago cuando la realidad te supera, cuando lo único que quieres es que el tiempo vuelva  hacia atrás y enmendar lo que está errado. Antes de que dijera una sola palabra se dibujó en sus  manos temblorosas y en su rostro la respuesta:
 _ Dejé una vela encendida en el árbol de Navidad_ y lo siguiente fue un grito de terror_ ¿Y Pusy?¿Alguien lo ha visto? Alguien ha visto a mi gato? Es una gata rayada con gris_ ya no pudo decir más y comenzó a llorar descontroladamente.
Tardé menos de un segundo en comprender que Pusy no era otra que la misma Mimí, que vivía sin remordimientos una doble vida. Sin pensar mucho entré en el apartamento del frente y por la ventana pegada a la cocina, llamé a la gata hasta el cansancio, un maullido débil, apagado por las voces, los llantos y los gritos se dejó escuchar al reconocer mi voz. Ahora todos en el descanso del ascensor buscaban la manera de sacar a la gata de ahí.
_Yo puedo entrar por la ventana_ dije y recibí todas las miradas a la vez. No tardaron mucho en deliberar, no había nadie más indicado que yo. Rosa me agradeció repetidamente como en un trance, el fuego seguía su curso, hasta dónde sabíamos por la cantidad de humo el incendio estaba todavía en la sala, parecía imposible calcular como y en cuánto tiempo podía extenderse.
Me dieron un pañuelo mojado, y un banco para trepar hasta el balcón. El humo cubría ya la mitad de la cocina, un halo de calor intenso se sentía en la piel del brazo y la pierna pero no quemaban. Volví a realizar la acción de pasar la otra pierna y un brazo y rodear la columna de concreto con mi cuerpo, una vez en el pretil del balcón de la cocina, no me quedó más opción que lanzarme al piso, con un poco de suerte caí de pie, para salir debía buscar algo que me hiciera  las veces de escalón.
_ Mimí_ llame con los ojos picándome y lagrimeando por el humo, la escuché maullar en silabas cortas, como ahogadas y antes de que volviera a emitir sonido alguno la encontré hecha un ovillo, bajo el carrito de las verduras. La cargué sin esfuerzo, liviana de miedo, sus pupilas pasaron de reconocerme a esconderse, seguro de vergüenza, descubierta ante mi en sus andanzas. Dejé que viera una sonrisa para animarla. Mi prioridad ya había cambiado, buscaba algo donde subirme para alcanzar la ventana. Recordé las cientos de veces que escuche a mamá repetirme: Todo lo que necesitas en la vida es un escalón donde subirte.
Vi una ponchera grande  plástica, de esas para lavar ropa, la volteé, con una mano mientras con la otra sostenía a Mimí, la arrastré con los pies hasta la ventana, tosiendo, el humo se hizo más intenso en la cocina, ya se veían algunas llamas en el marco de la puerta. Subí a mi escalón improvisado, y asomado grité como pude, entre tanto humo él vecino se asomó lo suficiente para tomar a la gata, y yo impulsándome  volví a abrazar la columna de cemento, cuando llegué al balcón vecino,Rosa estaba en un rincón acariciando a Mimí, que para ella tenía ese otro nombre, el cual   ya no pude recordar, las sirenas de los bomberos sonaban a lo lejos, y la bella muchacha de los rizos me tomo de la mano, con ternura y admiración.
_ Ven, parece que los bomberos están perdidos, vamos a bajar a indicarles dónde es.

Media hora más tarde, todo lo que no consumió el fuego, se lo llevó el agua que salía de la manguera de los bomberos. Lo que sucedió después da para muchas historias, pero esta es mi favorita, la que le repito mil veces a mis hijos, la primera vez que me vi en los ojos de su mamá,  yo no era esa  persona de pequeña estatura que se escondía del mundo, en el reflejo estaba ese hombre decidido y valiente capaz de hacer lo necesario en el momento indicado.

Taller Imago Mundi 2013.
Silvia.

Wednesday, August 16, 2017












No es mas que un hasta luego.




Despedirse es una mala costumbre, no me importan las normas de educación cuando te imponen decir adiós. De niña iba a los scout y teníamos una canción para las despedidas de los campamentos, algo que tampoco entendí mucho porque la mayoría de las veces nos regresábamos todos juntos en el autobús. ¿De quien nos despedíamos entonces?,¿De los arboles, los ríos, la tierra?,¿De las experiencias vividas?. Eso no me quedo muy claro. Pero la última noche encendían una fogata y todos alrededor cantábamos tomados de las manos. Y nos poníamos melancólicos.  Desde que la aprendí, y fue rápido, porque no tiene muchas estrofas, la ame aunque es triste, habla de no perder las esperanzas y de volver a reunirnos con las personas que amamos.
Por eso siempre digo hasta luego cuando me despido de alguien, aun cuando la ausencia que sigue a esas palabras se extienda. Saber que no va a estar es la parte mas difícil, saber que solo  quedan los momentos compartidos que van cayendo como gotas de una  lluvia que no parece escampar, a pesar de no haber pensado en ellos durante años.
Y mientras otras personas quieren recuperar el tiempo perdido, decir mas veces “te quiero”, tomar riesgos que en otro momento seria impensable, dejarse el cabello largo o cortárselo y lo que sea que los haga sentir mas parte de la vida que late, y que inevitablemente en algún momento va a dejar de hacerlo. Así de frágil es la existencia. Yo camino por la acera en una mañana soleada, con pocas nubes pero todavía fresca, pensando que todos queremos una misión en la vida, ser reconocidos, famosos, únicos, diferentes… y que entre tanto nos desgastamos buscándola en el índice de : descubrimientos científicos asombrosos, liderazgos impresionantes, etc etc . Olvidamos ver las vidas con las que nos cruzamos y el efecto que causamos en ellas.
Quiero ser de las personas que siempre sumen cosas buenas en la vida de otros, como tu, y no importa si voy a estar en ellas un segundo, una hora, un mes, un año o para siempre pero que sea bueno, y por bueno me refiero a cualquier cosa, como aquel chico que trabajo conmigo y cuando nos encontramos años después me conto que mientras vivió en Madrid siempre se acordó de mi porque si  le daba diarrea bebía como yo le había enseñado coca cola helada con pitillo y siempre mejoraba…Que loca manera de ser recordada…Pero sabía que esa anécdota te iba a hacer sonreír…y hacer un chiste sobre eso también,  la próxima vez que nos veamos...

Esta es “ Canción de Despedida”
Porque perder las esperanzas 
de volverse a ver 
Porque perder las esperanzas 
si hay tanto que ver 

No es mas que un hasta luego 
No es mas que un breve adios 
Muy pronto junto al fuego 
Nos reunira el Señor 

Con nuestras manos enlazadas 
ye en torno al calor 
formemos esta noche 
un circulo de amor 

No es mas que un hasta luego 
No es mas que un breve adios 
Muy pronto junto al fuego 
Nos reunira el Señor…

**Silvia**




Wednesday, August 09, 2017





Reciclando


Un jueves instalaron en un rincón del estacionamiento dos  tambores de metal verdes manzana y un cartel que anunciaba la nueva área de reciclaje.
Mi animo se ilumino. Y casi de inmediato comencé a clasificar la basura destinada al reciclaje en mi propia casa: plásticos (botellas de suavizante, refrescos, jugos, etc.)  y cartones (cereal, etc), vidrio (botellas y frascos)  y a bajarla en lugar de abrir el bajante y arrojarla.

Los vecinos acogieron la propuesta con buena voluntad y miles de dudas: ¿hay que lavar las botellas por dentro antes de echarlas al contenedor? ¿los cartones tienen que romperse o enteros? ¿Y las bolsas de plástico?...
No hay instrucciones en este asunto.Cada quien haga lo que pueda.
Y para variar con el paso de muchos, muchos jueves todo se fue mezclando y casi es necesario asomarse dentro del tambor para determinar que hay dentro, y mas aun hacer un análisis rápido de que es lo que mas abunda para así peor depositar nuestro envase, o cartón o vidrio.

Yo aun insisto en reciclar y es frecuente ver algún envase esperando que me ocupe de bajarlo.

En estos días conversaba con Andrea sobre una película de desastres naturales que van a estrenar, y ella sin mas me dijo que no sabia porque  me llamaba la atención si al final los culpables éramos nosotros mismos quienes lo destruíamos todo. En cuestión de segundos mientras daba pasos por la acera elabore una lista de todas las cosas que el hombre le hace al planeta, pero me pareció mas constructivo dirigir la conversación hacia   la educación en materia de reciclaje, sin ánimo de ir quejándonos tratamos de llegar a la raíz.

_ Definitivamente_ dijo ella airosa_ hay que educar los niños desde el preescolar en estas cosas, y eso no se hace.
_ Siempre mandan a hacer alguna manualidad a partir de cosas recicladas_ agregue recordando cestas hechas de revistas, carros de botellas plásticas, tratando de defender lo indefendible, aun sabiendo que eso no es educar para reciclar.
_ Reciclar en serio._ y punto fue su respuesta_ en este país no tenemos cultura de reciclaje.
_ No mucha_ admití_  Además de los niños se tiene que incluir a los adultos responsables de esos niños, porque la educación no solo va por el colegio.
Y en esto  creo, porque si en el colegio le enseñan a los niños por ejemplo, a no votar papeles en el piso pero luego salen con los padres de paseo y estos lanzan el papel del helado en la calle no estamos haciendo nada.

Cuando termino de escribir todo esto pasan un mensaje por el grupo del edificio: La compañía de reciclaje ha devuelto un tambor a causa que los desechos no corresponden a lo que se requiere…

Que casualidad que mis pasos vayan en el mismo sentido… 

**Silvia**
 


Friday, July 28, 2017

Estimado Ismael

Ya termine de leer el libro “El Poder de Escuchar”, soy una lectora que ama escribir, así que tu invitación a compartir que tal nos parece el libro a los lectores  desde el comienzo  me gusto. Claro que después que llegue a los agradecimientos me quede paralizada, ¿Qué será lo que Ismael quiere que le cuente? Fue lo primero que pensé, lo segundo que debería hacerle caso a Quiroga y dejar que muera la emoción de haber leído el libro por completo para luego escribir evocándola. Amo esa regla pero me la salto con mucha frecuencia. A veces la emoción desbordante y desordenada es lo mejor que tenemos y la evocación termina siendo una fotografía pobre de lo que se quiso decir.

Escuchar es un don, algo mágico, no se si se puede aprender, pero estoy segura que se puede mejorar  y mucho.  En tus páginas encontré muchos ejemplos de como lograrlo, y te lo agradezco. A mi las personas me hablan, me cuentas sus cosas. Los conocidos se sienten cómodos abriéndome su corazón, tengo muchos amigos que siempre me dicen que de alguna manera terminan confiándome cosas que no se la dicen ni  a sus más cercanos. Pero lo más asombroso son los desconocidos esas personas con las que comparto una cola en el súper  o una espera en algún consultorio, siempre tienen algo que decir, y por lo general  es algún detalle importante  de su vida que necesitan compartir. Yo escucho. No hago nada especial para que esto suceda.  Solo me apoyo en mis principios, no juzgo, no divulgo lo que me dicen y en ocasiones  procuro no dar consejos aunque me muera de ganas, porque entiendo que a veces las personas solo quieren hablar y sentirse escuchadas sin conclusiones de ningún tipo.

Esta lectura ha sido un viaje compartido, tus palabras resonaban en mi cabeza con tu propia voz, lo cual me pareció maravilloso, considerando la cantidad de escritores a los que se le escucha tan poco su voz real.  Mis creencias van de la mano con muchas de las que tú mencionas, yo creo en el poder de escuchar a otros, en la curiosidad, en crecer  espiritualmente y en el silencio. También en que cada persona debe ser compañera y escucha de si misma, por aquello de que es imposible dar lo que no se tiene.

 Hay pasajes que quizás  interesan más a las personas que se relacionan con el medio en el que trabajas, y es algo más que lógico, yo estoy lejana del mundo de la tv por completo a no ser como espectadora y de vez en cuando, prefiero leer o salir a caminar. De todas formas tu libro movió mi mundo , a veces no le imprimo toda la energía que quiero a mis metas , hasta las mas pequeñas, por poner un ejemplo domestico : quiero reestructurar una parte de mi armario, para ello tengo planificado sacar las prendas que guardo dividirlas para caridad, otras para desechar , pero a pesar de tener tiempo libre (eso no lleva muchas horas de trabajo)  me quedo en las excusas, hoy estoy cansada, hoy voy a leer un rato, hoy voy… y así con otras cosas mucho mas importantes con las que sueño,   cuando pienso en todo lo que has hecho en tan poco tiempo, todo lo que has superado  comprendo que no solo hay que soñar, planificar, también hay que trabajar para que las cosas sucedan y esto se aplica a todas las áreas de la vida las pequeñas y las grandes.

Y por ultimo, porque he sido bastante extensa,  la sección de “de mi libreta de apuntes” al final de los capítulos termino por enamorarme del libro y  de decidirme a escribirte, cada vez que leo un libro de auto-ayuda o mejoramiento personal, un libro de aprendizaje saco mi preciosa libreta azul donde anoto todas las cosas que considero importantes,  mantras, frases, conclusiones, porque si algo tengo claro es que de nada vale leer, entender  si luego vamos a olvidar el libro en los estantes de la biblioteca, hay que practicar lo aprendido, refrescarlo a diario así que para mi libreta van tus frases.

Muchas bendiciones y éxitos para ti Ismael!! Gracias por compartir tu vida en este libro.

Un Abrazo,


Silvia. 

Thursday, February 02, 2017




Tres años después…


Escribir…
¿No ha ocurrido nada que merezca la pena ser contado Silvia? o ha ocurrido tanto que no sabes por donde comenzar?.
Escribir…
En diciembre, la mañana de Navidad, después de los  saludos y felicitaciones propias de la época  me preguntaron: “ Por qué no escribiste más en tu blog?”.  Y los años sin escribir se hicieron tangibles, que pregunta tan difícil después de estar tan lejos de ese mundo. Sin embargo la respuesta llego directa desde ese lugar del corazón donde aun vive: “ Se volvió muy personal” . Y sin embargo respondí algo que se entendiera mejor: “Comencé a sentir que me repetía un poco y eso me fue desanimando…” Hice lo que haría cualquiera, volver al blog, releer y en mi caso sonrojarme.
 Luego todo el asunto se archivo en ese limbo donde dejo las cosas cuando están pendientes por análisis. Ciertamente no desaparecen y hacen ruido, mucho ruido.

Bien_ me dije una mañana_ te parece un buen momento para saber el porque no escribes mas?

Conteste rápida defendiéndome: _he escrito otras cosas.

_¿Cuáles?¿El diario de los lamentos?

_Los cuentos. Y las cartas.

_Los cuentos tienen años y no están terminados, tienen punto final pero bien sabes que  les falta y las cartas, bueno eso no cuenta como escritura o si? Sin destinatario, sin concluir.

Se me acabaron los argumentos. ¿Por qué no escribo si cada año nuevo coloco en los propósitos  escritura, lectura, etc : Volver a escribir en el blog.

Me gusta como se mueven mis pensamientos en torno a esto, los siento como una marea: suben y bajan, me hacen suspirar y sonreír al mismo tiempo.  Me digo dulce: Silvia, si te gusta tanto porque no lo haces? no te llenes de excusas, que se volvió muy personal? Siempre lo fue, siempre has estado detrás de cada palabra, de cada espacio, de cada coma. Que te repites? Bueno la vida es una serie de repeticiones, si te refieres al tiempo:  cada semana de siete días, cada mes de treinta, mas uno, menos dos, cada año doce meses, cada mes un acontecimiento fijo:  año nuevo, carnaval, semana santa, los cumpleaños, las vacaciones, la navidad…que haces las mismas cosas en esas fechas?  Es parte de quien eres, si amas los cielos despejados  de diciembre, los amas y sobre eso escribirás. Tendrán alguna nube nueva, diferente…o tu otro lente… averígualo.

Escribir…

 Y encendí  una vela, me acomode los lentes para leer y   busque  el concierto de Elbow en youtube,  mientras escribo todo esto, otra parte de mis pensamientos me susurra temas, personajes, vivencias…
no es haber perdido el rumbo, sino  retomarlo.

  Queda por decir: “Gracias”.

*Silvia*


Sunday, June 02, 2013









¿Cómo es tu letra?

 ¿Cómo la reconozco? A ti puedo decirte que me da miedo perder la mía, detrás de las que tecleo a diario ¿reconocerías en ellas mis emociones si la vieras alguna vez? La redondez que le doy para perfeccionarla cuando quiero impresionar, la danza con la que bailan como empujadas por el viento cada vez que escribo de ti, cada vez que mi cerebro dicta a velocidad de la luz un poema que nace y se va perdiendo en los espacios de la noche. Los errores ortográficos que reconozco y me da pereza quitar, los dejo adrede incluidos los acentos algunos ausentes o se lanzan a tildarlo todo sin necesidad, mas por coquetería que por entonación. Las palabras que en la prisa acorto, las que voy dejando un espacio para incluir un sinónimo y reemplazar la que ya tengo cansada, algo que complique un poco al lector como si existiese alguno, como si tus ojos fueran a llegar hasta ellas, como si fueras a preguntarme que significan, que te explique lo que no tiene mas explicación que los heart bit que me ocasionas. Tengo miedo de perderlas de vista porque son la suma de lo que soy hoy, ellas y el papel, ellas y la tinta, han sido el cimiento de esta persona, que las usa de puente para llegar hasta ti cada vez que puedo, ellas las que cercan mi alma y la hacen vibrar a mil por hora, ellas amontonadas una sobre otras, ellas cuando delatan algún error, pequeñas cuando quiero enamorar, contundentes para declarar mis enojos, me arrancan suspiros, entre ellas esta mi estado prefecto de paz, ¿Cómo es la tuya? Entre tanto tecleo se me pierde en el recuerdo…
                                              
**Silvia**

Friday, May 03, 2013









Ciento Ochenta Segundos.



Tres minutos, no cinco como me pareció al principio recordando el dialogo palabra a palabra, y si pudiera contando las respiraciones de lado y lado. Ciento ochenta segundos, incluidos los del repique. ¿Cómo se me ocurrió la locura de llamar? Bueno en principio no fue una locura premeditada, guardo su numero telefónico en la agenda como si se tratase de un contacto real desde hace algún  tiempo, pero ¿qué ciencia tiene? si él no sabe que existo.
 La excusa va de la mano de una niña con una tos recurrente que no termina de curarse y la  idea de consultar una segunda opinión. Mi Doctor no atiende niños. Pero tiene colegas. Hasta ahí mi excusa es un poco floja, viéndolo bien  todos conocemos algún doctor con colegas competentes, y si no son de la especialidad requerida pues de alguna forma tienen algún contacto para cubrir la necesidad dado el caso...
Pero no vamos a exagerar, ni a preocuparme por haber quedado al descubierto anticipadamente, tengo claro que lo mas importante era escuchar su voz al teléfono con el plus de instalarme en su mapa aunque sea por 180 segundos.  El hombre en si, mi doctor, es un tipo ocupado, concentrado en su carrera y en su trabajo, pensándolo  detenidamente esta excesivamente dedicado a ello, pero nadie es perfecto y si a ver vamos en este caso me sirve hasta de tapadera ni por asomo creo sospechará de una segunda intención (aunque se ha mareado un poco al final).
Llevo dos días intentando llamarlo, pensando en la mejor hora, en que le diría y como. Y la misma situación “De hoy no pasa”. Pero pasa, primero no estoy sola, lo que se dice sola, en el trabajo seria una locura hacer una llamada de este tipo, ahí todo es muy publico, en casa es mas factible pero no deja de ser extraño llamar  a alguien que ni conozco (para eso lo llamo para ver si por fin lo conozco).
Llego decidida pero sin pila en el celular. La carga esta en un escarlata inmerecido, rodeado por una agonía de pines que ya no quieren ni abrir. Cuando por fin los abro todos son chistes. Conecto el aparato al cargador y espero.
Mientras espero me como la despensa, quiero ser delgada pero llego hambrienta de pelear contra un millón de números, me como una galleta con cheese whiz, dos rebanadas de jamón de pavo (estas no cuentan son proteínas), y por ultimo un paquete de galletas cubiertas de chocolate, que comparto con el perro pero en una proporción desleal, es decir yo me como dos y a él le doy media. Leo por enésima vez Misery, de Stephen King, esta vez online, Annie Walker parece más mala que nunca, más loca, como es una relectura, recuerdo vagamente detalles así que lo voy leyendo en una suerte de premoniciones sobre lo escrito, me aburro pronto, decido mejor sentarme a revisar un cuento de los dos que tengo por entregar el sábado. Tomo el que está terminado pero invariablemente hay que podar…corregir.
Al fin el celular tiene suficiente carga.
Veo la hora. Seis y diecisiete de la tarde.
Me suelto el cabello.
 Y marco el primer numero. Una operadora de voz metálica me indica que el suscriptor no se encuentra disponible. No  le permito a la desilusión instarse. Pero escucho paciente todo el mensaje. No cedo a la tentación de entregarle el hecho al destino, hoy estoy al mando de mis decisiones, no me importa este primer intento fallido. Marco el segundo número pensando que tal vez lo tiene otra persona…un familiar.
Repica tres veces.
Son los repiques mas largos de mi vida, se extienden con su sonido hueco, mecánico, casi eléctrico haciendo un eco perfecto que llega hasta mi corazón acelerado. Hoy no está escrito que desista.
Y una voz que no reconozco atiende.
_¿Alo?
_ Por favor el Doctor Luis _ digo obviando el Carlos para no parecer demasiado informada.
_¿De parte de quien?_ Contesta  defensivo
_ De Silvia, la vecina del piso seis, ¿es el Doctor M?
No le doy tiempo a pensar, hablo claro y a una velocidad media la cual mantengo vigilada con una alarma de pensamiento atento en mi cerebro.
_si_ dice tímido
_ Hola_ saludo yo con familiaridad, _ te molestaba porque la hija de una amiga tiene mucha tos y a pesar de estar en tratamiento  entre neumóloga y pediatra no avanza, se que no ves niños pero en un mensajito me dijiste que podías recomendarme a alguien.
_ ¿A quien te recomendé?¿Cuando fue lo del mensaje?_
Aquí estamos, él tratando de ubicarme en algún lugar de su día a día, y yo tratando de ser lo mas imprecisa posible en lo irrelevante para que no lo logre. Al menos imprecisa en las acotaciones de sueño. Vamos con calma, me digo llevando la voz cantante en nuestra conversación, disfrutando de los matices de su voz, algo fina para mi gusto, pero no todo pude estar contenido en un solo ser.
Quiere saber lo básico, (como fue que no lo tuve en cuenta antes) donde atienden a la niña, (me lo invento en la marcha), quien la atiende, aquí hago una pausa y un poco afligida le digo que no tengo el nombre de la doctora. No puedo inventar tanto.
Me recomienda dos especialistas que trabajan directamente con él. Le pido un segundo para anotar aunque tengo el bolígrafo en la mano, no se porque hago esta pausa, desde el recuerdo me imagino que lo he visto en tantas películas, quiero demorar la conversación pero no mucho, quiero que piense que soy algo espontanea e improvisada pero no mucho, tomo nota de los nombres, y de las clínicas con la firme intención de llevárselos a Elisa al día siguiente.
Estoy a gusto hablando con él. Evoco su mirada de ascensor, detrás de esos lentes que le quedan tan interesantes, Le doy las gracias, vuelvo a la explicación de que recurrí a él porque no conozco a nadie de su especialidad (o si conozco y a pesar de  que me dio  las únicas palabras de esperanzas que recibí no quisiera volver a  verlo nunca más, recuerdo que tembló esa madrugada y que detrás de sus bigotes nos contó que salió a la calle con su esposa y sus bebés morochos… divago). Soy consiente que ya no queda mucho mas que decir.
_ Disculpa_ dice interrumpiendo mi latoso discurso de despedida _ dime otra vez  ¿de donde es que te conozco?
Y así se que ha hecho un esfuerzo por escuchar lo que le digo y contestarme, mientras  toda su atención ha estado dirigida a comprender quien soy. Por un instante puedo sentir su privilegiado celebro buscar en su disco duro todos los archivos que comiencen con la palabra “vecina”.
Lo siguiente que siento es una especie de enfado, ¿Cómo es posible que no escuchara nada de lo que le he dicho?
_ Silvia, tu vecina del  (casi digo el nombre del primer edificio en el que viví al llegar a Venezuela) Alfa II.
_ ah ya, ya _ parece ubicarme pero la siguiente pregunta me deja claro que no es así, ¿es tuya la nene?_ pregunta con una suerte de ternura en la voz.
Otra vez me domina el enfado. No está prestando atención a lo que digo, pero esa  variación el tono de su  voz, un poco más tierno, mas intimo, logra que mi corazón mi corazón se derrita en partes por un breve instante.
_ No, _ admito derrotada_ como dije es la hija de mi amiga, bueno de mi compañera de trabajo_ agrego ya sin ganas de sostener por mas tiempo la conversación.
_A ok, ok, bueno puede ir a esas dos especialistas que te mencione_ dijo apurado recuperando su tono de voz.
Me quede un instante viendo el teléfono después de las palabras de despedida de rigor. ¿Qué será lo que ocurrirá ahora? ¿Por qué apure la despedida?

**Silvia**

Sunday, April 07, 2013

La lectura que llega, es la lectura correcta.

¿Estamos conectados?¿ Con que?  Se me ocurren mil respuestas y casi ninguna  parece corresponder a la realidad. Ahora llena de raíces, comprendo nuevamente que en el único sitio donde estoy segura es entre las letras  y mientras espero que el amor que doy (… y no  se han enterado aun) me sea devuelto con un porcentaje de intereses, para que valga la pena aguardar, vuelvo a ellas entre tanto  escucho la suave voz de Jorge Drexler , que me dice que si es cierto que todos estamos conectados con unos versos más y otros menos en casi todas sus canciones. Recorro las orillas de la playa, los zapatos se me llenan de arena y el corazón de recuerdos sutiles, nuevos y viejos, que mezcla, sorprendentemente perfecta. Caracas se me antoja hoy más calurosa que ayer, y las horas parecen más largas. Está mañana termine de leer el quinto libro del año, “El viaje del Elefante” de Saramago.  Voy  un poco lenta con la lectura, pero el corazón se entretiene y yo lo suelto para que de sus vueltas. El libro tampoco ayudo mucho, tenia no se si es malo o bueno muchas expectativas, después de que hace años leyera “ Ensayo sobre la ceguera” y todo mi orden social se sacudiera ante esos personajes desnudando el alma, es que no dejo ni un pedacito con ropa!. Este libro es más tranquilo y menos meritorio, pero una nota final, pequeña, personal y única lo explica todo y las 263 páginas cobran sentido solamente con saber como, que y cuando llego la inspiración para escribirlas. Digo yo, no podría Saramago haberla colocado al principio?, es que yo no tengo por costumbre leer el final del libro antes de comenzarlo…
Todavía el elefante rosado de la portada  descansa en la mesa, su compañero es mi próxima lectura…con la que ya le era infiel antes, eso si solo de pensamiento. Se llama “Leche Derramada” de Chico Buarque,  escritor Brasilero, a quien conocí gracias a una entrevista que le hicieran hace mucho tiempo a Ricardo Arjona y lo mencionó  porque entre otras  Chico es también cantante, compositor, poeta y escritor! Me gustan las lecturas que me llegan entreveradas en historias de lo que vivo, una nota en el periódico que lei a la carrera, una mención en una entrevista, un titulo que se pega a mis manos en la librería, pareciera como una fuerza externa nos está llamando (¿conectando quizás? ) al libro (al escritor) y a mi (una simple lectora) para reunirnos.

*Silvia*
 
Aquí la letra de una de las canciones que me llevaron a la reflexión…

Todo se transforma
De: Jorge Drexler.
Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.

Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.

Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería......

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.