Saturday, July 21, 2007




El estrés




Cada articulo, libro o terapia sobre manejo del estrés llega al mismo sendero, para controlarlo debe una ir al episodio del pasado (lejano, cercano, imaginario) donde halla sido mas feliz, donde se encuentre en una completa calma de manera que recreando lo vivido y ayudándose con respiraciones pueda una alcanzar la serenidad.

¡Que increíble!, excepto porque cada episodio de felicidad tiene anudadas mil quinientas cosas, peros, cuestionamientos, dudas, lo de rutina: “no puede ser”, y yo “claro que si”, “que no” y yo otra vez “que si, te doy un ejemplo, cuando nació mi hija ( lo más perfecto que he hecho) estaba felicísima y preocupadísima preguntándome todo el tiempo si seria una buena mamá, etc, etc.” Me queda la increíble misión de encontrar ese oasis de paz dentro de mi.

Primero deje de buscar, porque cuando busco algo mi estrés se dispara. Me concentre en cosas pequeñas y no excesivamente felices, nada de destornillarme de risa o de ahogarme en suspiros es decir nada pasajero. Pensé en pequeñas gratificaciones diarias, un helado, un libro, un momento para escribir, pero todo terminaba siendo muy breve e inexacto, como siempre quería mas, un lugar al que pudiese ir mentalmente y en el que me sintiese en paz.

Lo segundo fue buscar locaciones entre los sitios que he visitado, algunos reunían los requisitos: arena, mar, oleaje, vegetación, aire puro, ríos, etc. Pero no regresaba por mas dos veces al mismo sitio.

La semana pasada se precipitaron muchas cosas en mi vida algunas no muy buenas y yo sin encontrar mi lugar al que poder ir para relajarme y liberarme. Me di por vencida y termine el asunto.

Este viernes me toco ir a tres bancos, justo cuando viene un fin de semana largo y toda la población de la tercera edad esta cobrando la pensión. Los estacionamientos de las entidades bancarias colapsadas, de los centro comerciales igual y las colas dentro de los bancos larguísimas. En última instancia decidí estacionarme como a tres calles (donde no me remolcaran el carro) y caminar, hacia calor pero no me importó, una vez en la acera me entro el pánico, primero porque unos obreros caminaban detrás mío y luego porque iba sola por la calle, es decir a pie por esta ciudad nada es bueno últimamente.
Entonces apareció el lugar. Al principio no entendí porque estaba allí, porque de todos los lugares escogí naturalmente ese, era insólito, pero luego pensándolo mejor me di cuenta que cubría todos mis requerimientos.

Los primeros días del 2.006, me tomé unas vacaciones de mi actual empleo, en ese momento la esposa de uno de los dueños donde trabajo tubo un problema y necesito viajar, ella me pidió el favor que me encargara de su negocio: una tienda de muebles y adornos. Como iba a estar sola en casa durante toda la semana, acepte. Además entraba mucho mas tarde que en la oficina. Lo que me permitía dormir un poco mas, una de mis metas en vacaciones.

La tienda tenia muebles, adornos árabes, lámparas, ánforas, baúles, velas aromáticas, y muchos cojines, cosas bellísimas y diferentes.
Cada mañana nada mas abrir me recibía el perfume de las velas, encendía el aire y la computadora, ponía el disco de Arjona y reacomodaba los adornos, era como estar en una casa de muñecas, mudaba algunos, guardaba otros, combinaba los azules, los ocres, los marrones en espera de lo único que no tenia mucho: clientes. Luego sacaba un libro, el que llevara y me sentaba detrás del escritorio a devorar la lectura mientras esperaba.

También escribí mucho. En una semana leí unos tres novelas, prácticamente estaba mas de la mitad de las ocho horas leyendo. Le llamaba “la Beca”, porque además tuve la suerte de que las pocas personas que entraron compraron algo así que justifique mi estancia en el Paraíso de los trabajos.

Fue una semana sin problemas, sin apuros, con José trabajando en el extranjero y la niña de vacaciones en la playa, llegaba a casa sola para prepararme mi sopa de pollo, o un sándwich que compartía con Maracucho en el colmo de los consentimientos porque detesto los perros pedigüeños, menos mal que el sabe comportarse y no se acostumbro.

Pensar en mi paso por esa tienda me relaja, enseguida vuelvo a sentir el aroma de la vela de Pumpkin (calabaza) y especies cerca de mi silla, los colores y las exquisitas formas de los objetos, las telas, las alfombras, algo así como el interior de la lámpara de un genio, un refugio perfecto. Lo que le faltaba lo completaba yo : cuadernos para escribir, libros, mi música.

No es ni por poco mi momento mas feliz, ni el lugar donde he sido más feliz, es el rincón donde me sentí en calma y serena. Por eso me gusta regresar a el. Por eso voy sin darme cuenta cuando el estres se apodera de mí.


Silvia.

Friday, July 13, 2007


Año Nuevo


Cada Cumpleaños lo celebro como el día de año nuevo (no había una canción de U2 con ese nombre????) y en cierta forma lo es. Mi propio inicio de año, en trece. Tan convencida estoy que prácticamente un par de semanas antes ya voy revisando la lista, aquella que elabore con tanto cuidado en diciembre y deje de lado después de Reyes.
Hago el balance completo, me recrimino lo que sea que tenga que recriminarme ( casi siempre lo mismo: falta de voluntad acumulada en la cintura, falta de tiempo traducida en pendientes interminables, falta de constancia que no son otra cosa que pocos puntos finales), me felicito por mis logros, todos ellos desde los mas pequeños hasta los que considero enormes.
Luego elaboro cartas, decretos y demás escritos para dejar registro de las huellas de los pasos que voy dando, y marcar más o menos los que daré. (Anoto como en la cuña del banco: Tengo un plan, y sueños claro).
Me propongo modificar mi estilo de vestir, renovar, inventar un poco más y defenderme de la monotonía en la que caigo, por comodidad, por flojera, por rutinaria.
Resuelvo firmemente no caer en la rutina ( y con eso hago trampa: ya que a finales del mes pasado esto ya es un hecho con el inicio de las vacaciones escolares).
Vuelvo a pensar en como quiero celebrar este día, (idéntico a lo que hago en Año Nuevo) siempre se me ocurre la misma cosa un cruce entre “La Fiesta de Babette” 1.987 (una bellísima película que vi hace años con el titulo de “extranjera” se entiende ni Venezolana ni Americana) y la hora del té de mi Querida Abuelita Dolly, con menús de sándwich de pan de miga con salmón ahumado y masitas dulces a las cinco de la tarde en platos de varios pisos, luego lo descarto todo porque ¿quien quiere pasar todo el día de su cumpleaños cocinando? Y lo más importante el concepto de dar en un día que se debe recibir no esta bien entendido por mi entorno.
Este año quizás si. Quizás cambie el té por una copa de vino blanco y adquiera los platos de pisos.
Casi olvido lo del obsequio, si y siempre si pienso en ese regalo que quiere Silvita, algo especial, algo único. Algo de lo que no hablo, ese objeto, libro, ropa, o lo que sea que permanece en secreta y deliciosa complicidad conmigo misma.
Mi Año nuevo comienza alrededor de las siete treinta de la noche o por lo menos eso dice mi mamá, hora perfecta para brindar, ni muy tarde ni muy temprano.
Este año he agregado un plus que incluye proyectos para las celebraciones del año que viene, las comparo modestamente con las del milenio porque si es importante celebrar los cumpleaños en general los inicios de décadas (de todas las décadas de la vida) más!!.





Silvia.