Friday, June 29, 2007





Sueña, Maryle,Sueña


Maryle solo sueña con tres hombres. Y ninguno es el suyo.

Sueña despierta con el artista ese, un poco entrado en años y de cabello oscuro, seguro que teñido. Se suelta el cabello que cae en cascada sobre los hombros agradecido de desprenderse de la liga que lo aprisiona y con los ojos abiertos, y mirando hacia adentro le pone palabras, coqueteos y sonrisas a ese desconocido tan conocido.

Maryle sueña con Sombra en las noches caraqueñas de bochorno infinito, abre los ojos asustada al borde de la inconciencia y nada mas volver a apoyar la cabeza en la almohada vuelve a verlo. Ella sabe que es el segundo, tiene presencia masculina, Sombra enrarece cualquier escenario soñado, no le gusta pero no le teme.

El Fantasma es el tercero, es parte de un pasado remoto que tendría que haber desaparecido hace años y sin embargo esta ahí, vuelve, sin El Fantasma no existen los otros dos, el es la razón, a el lo soñó despierta primero, lo soñó Sombra después.

Maryle no le da importancia pero lo sueña, no lo llama, no lo convoca, no piensa en él, ni en su pasado, ni en su abandono pero aparece, se presenta en el sueño con esa sonrisa perfecta de la que es dueño, con esa mirada entre autosuficiente y pícara, (seguro ahora cansada, añejada, trata de agregarle) y ella se rinde a sus antojos, a sus manos, a su abandono.

Ayer, me contó, Sombra apareció en un rincón de sus sueños, el Fantasma estaba allí, traía la nariz roja y los ojos aguados, atrás en la habitación y frente a Sombra ella flotando en la ambigüedad, el Fantasma que estira las manos, ella que las toma entre las suyas, Maryle siente otra vez el contacto con esa piel amada, ese sedoso sentido que lo envuelve todo, las ansias. El baja la mirada y se aleja sin terminar de irse. Esta conciente (¿por primera vez?) de que la deja a ella otra vez, que lo ha hecho mil veces en mil sueños distintos. Pero esta vez a él le duele,¿cómo que le duele? Se pregunta Maryle ¿Cómo que le duele ahora en medio de este sueño?.

A veces el primero la salva de los otros dos, pero no le cuenta a nadie, a veces imagina al Fantasma con características reales, mas gordo, mas calvo, lo imagina en los brazos de esa que nunca vio pero que sabe que existe y se pregunta y me pregunta: ¿me soñara él a mi igual que yo a él?.

Caprichoso corazón. Yo no puedo darle respuesta a esa pregunta y ella tampoco.
Silvia.

Thursday, June 21, 2007




BeBe



Soy una mujer de palabra. Hoy al borde de esta despedida, BeBe, te lo recuerdo y doy fe que eres la prueba tangible de que es así. Tuve claro que no iba a manejar carro ajeno, así que mientras dividía mi vida entre autobuses y taxis mis hermanos hacían malabarismos para pisar entre dos un solo acelerador o rogar por el carro de mi papá.

¿Te acuerdas BeBe cuando nos conocimos? Fue mucho antes del cartel de “Se Vende” pegado en tu vidrio trasero, cuando llevabas a mi hija al colegio, quien te hubiese dicho que lo harías por seis años más pero conmigo.

No se que vi en ti, quiero pensar que fue ese azul cielo que te cubría, o tu tamaño que no lograba intimidarme, es difícil decidirse, lo que se es que nada mas ver que te vendían supe que eras lo que ni siquiera estaba buscando: mi primer carro.

Solo arropada por ti, BeBe, aprendí a sortear mis miedos, a vencer poco a poco esa “responsabilidad de conducir un vehículo” que me invadía el espíritu única en este país por cierto, a tu lado se me ocurrían las cosas mas increíbles para superar ese malestar diario que me ocasionaba tener que conducir, y ese día en la acera de Los Chorros, cuando le dije a él que a partir de ese momento yo conducía si iba sola, sola contigo se entiende, así buscamos solución a las cosas simples como la constante vigilia que le tenia al retrovisor, tanto ahínco en el pasado me distraía del presente o estacionarme pegada a la acera.

Contigo me asome a la increíble autonomía que da poder decidir a que hora y cuando se sale, sin esperas, sin demoras.

De nuestras historias con la ley que hoy solo nos causan risa y nos hicieron pasar apuros en su momento puedo escribir casi un manual.

BeBe nos fuimos convirtiendo en un fuerte capaz de resistir a cualquier embate del destino, tu guantera se convirtió en la extensión de mi cartera, se acumularon los “imprescindibles”, el cepillo del cabello, un labial que se derretía en los estacionamientos, cinta adhesiva y papel de regalo, lazos, galletas y agua embotellada, paraguas, impermeable, abrigo.
Tu también tenias tu kit de emergencia una garrafa de agua, un litro de aceite, el liquido de los frenos y un paño, a veces cargábamos un par de guantes por si tenia que abrirte la boca en plena calle.

Conseguí trabajo apoyada en tu diligente gestión de llevarme, emprendimos negocios, llevamos a los niños al colegio, paseamos y salimos de compras. ¿Cuántas cosas entran en seis años no?

Soportamos lo incierto de aquel episodio de infidelidad, donde la casa se me venia encima y salir era la única opción para respirar.

Guardamos secretos.

¿Te acuerdas BeBe como corríamos sobre el asfalto cuando estábamos los dos solos? Todo el largo de la autopista, la música sonando en los oídos, el viento sacudiéndome el cabello, esa sensación de vértigo y libertad que pudo habernos llevado a la luna si hubiesen construido un camino hasta ella.

El martes llegue y tu ya te ibas, vi por ultima vez tu estampa azul cielo y no me percate que era el final, la despedida, hasta esta mañana en la que me descubrí pensando si entre todas mis fotos tenia una tuya, me sacudió una punzada de nostalgia como esas que te dan cuando buscas a alguien que ya se ha ido, cuando no quieres creer que ya no esta, ni estará.

Nunca planeamos envejecer juntos, así que nuestra relación se construyo día a día. Y eso fue lo que nos sumo historia. Ni siquiera se cuando, como y porque comencé a llamarte BeBe.

Le dije tantas cosas buenas de ti al Señor Ramón que cuando se despidió de mi en la notaria me prometió que en cuanto te arregle va a traerte a visitarme.

¡Ay BeBe! en ese instante me di cuenta de dos cosas: la primera es que eres un carro no un niño en adopción (aunque parece que convencí al Señor Ramón de lo contrario) y de que la trama de aquella novela de Stephen King que leí hace siglos parece haberse apoderado de mi...o de ti ?


Silvia.

Monday, June 11, 2007


El Punto Final.

Esa pagina en blanco, el terror de todo escritor, ( ¿lo soy?) de todo creador, esa pausa entre las ideas girando en la cabeza y el papel ( o la pantalla). Investigo mas, “Parálisis psicológica en las primeras etapas de un trabajo” y me diagnostico el síndrome con una mutación extraña , igual de paralizante y aparentemente insalvable.

Lo que he sufrido toda mi vida es un virus posiblemente tropical que se parece en la base a los miedos, pero no me deja paralizada en la pantalla en blanco viendo el cursor titilando y sin ideas, se desborda en historias, en personajes, en frases, en diálogos, me asalta en medio del trafico, va de anotar y anotar en la dichosa libreta hasta agotarla, en el ticket del supermercado, en papelitos sueltos.

El virus me ataca dejándome sin punto final, enfrascada en mil historias sin concluir ninguna, las mismas que paso cuidadosamente de la libreta a “el cuaderno de las ideas” .A veces no son mas que una frase suelta, y las dejo dando vuelta en su propio torbellino sin poder ayudarlas. No me faltan temas, porque no los busco, ellos me encuentran y se quedan en la mitad, o eso creo.

Sueño despierta con personajes, los describo en mi cabecita, les doy color y forma, pero siempre en mi interior son mas ricos, mas reales mas tridimensionales, mas creíbles ¿Qué no existe un chip, un puerto o algo para conectarlo directo de la computadora al cerebro?. Lo que pienso es cien mil veces mejor que lo que escribo, por eso me rindo ante las palabras que una vez le leí a Borges y me enamoraron: “Uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede”.

Uno escribe lo que puede.

En un afán de salir del atolladero, de dejarme de frases sueltas e historias incompletas me regalaron una grabadora, así en la soledad acompañada del trafico caraqueño por fin podía “copiar” mis pensamientos hasta el punto final.

No resultó, es decir, si pude grabar, pero al escucharlo para transcribirlo al papel mi voz sonaba igual a la de cierta ardillita de Disney, y el contenido del texto sufría un vuelco negativo a todas luces, perdía altura, esa no es la voz con la que me dicto, certera y velozmente , así no es como me escucho yo por dentro.

Y cuando ya estoy segura de que no tengo solución , aparece la frase, se cuela la acción, se desatan los nudos, comprendo el desenlace y sin mayores celebraciones el punto final aparece, con la misma naturalidad del que siempre ha estado allí.

Lo hace para recordarme que cada historia, cada personaje, cada escrito tiene su tiempo justo, su tiempo Divino y perfecto ni mas ni menos. Igual que en cada cosa de la vida.

Silvia.