Thursday, January 25, 2007


Haiku


El viernes leía en Internet una entrevista que le hiciera el Diario El Clarín a Mario Benedetti con profundo interés, de estos ejercicios periodísticos siempre me queda algo que me permite ir colocando mas piezas al rompecabezas que para mi representa la inspiración de un escritor.
Contrario a lo que puedan pensar no soy asidua lectora de Benedetti, ya quisiera, mi primo me lo presento con un regalo excepcional: un libro de relatos “La otra orilla” en donde me enamore de “El Presupuesto” y digo “me enamore” porque algunas tardes todavía pienso en lo ingeniosa de la trama y lo común que resulta al mismo tiempo, sin contar con la asombrosa actualidad de algunos personajes de oficina a pesar de haber sido escrita hace muchísimo.
En la entrevista habla de la pérdida reciente de su esposa, de su cuñada, de amigos, sus compañeros de viaje se van despidiendo, cuenta ya con ochenta y cuatro años y un nuevo libro de poemas, un poco tristes se entiende. Sonrió mientras leo que se aficiono al mate hace poco tiempo, increíble anécdota viniendo de un Uruguayo donde la mayoría tiene la costumbre de pasean por todos lados con el termo y el mate entre las manos, dos líneas mas abajo le preguntan sobre los Haikus que escribió y el libro que publico “Rincón de Haiku”. El señor amablemente explica que son poemas japoneses, que en un principio eran muy jocosos o graciosos y que luego fueron derivando en mas serios.
Como todo esta unido, y el tiempo es circular, me entero de que Cortazar era muy aficionado, Borges escribió algunos haiku en un libro para su amada Maria Kodama y Octavio Paz los leía y traducía del japonés.
Me siento intrigada y decido investigarlo más, por supuesto en la Internet, mágico portal al mundo.
El Haiku son poemas japoneses de pauta silábica 5-7-5 que suman diecisiete, el mayor haijin fue Matsuo Basho quien describe este arte como: “ Haiku es simplemente lo que esta sucediendo en este lugar, en este momento”.
Son estrofas de brevedad obligada y de estructura fija me doy cuenta del reto que representa para esta Señora tan extensa ella en sus relatos y poemas escribir uno, pero la idea me seduce.
Cuando comienzo a leer los poemas de Matsuo Basho , me siento rodeada de los bosques japoneses, de las delicadas flores de loto posadas sobre las aguas, de los sonidos de los riachuelos, del rió, de las olas del mar, imagino los trazos de las letras que no entiendo, me conmuevo y reafirmo que lo que se escribe perdura por siempre, a través del tiempo y nos encuentra, el que escribe no muere siempre, vive cada vez que lo leen, ¿es esta mi idea de inmortalidad? ¿Es mi manera de dejar mi huella en este mundo sin que desaparezca? No puedo contestar a eso, las respuestas las tendrán otros cuando yo ya no este. Entre tanto escribo.

“No sigas las huellas de los antiguos
busca lo que ellos buscaron”
M. Basho.


“En Todo idilio
una boca hay que besa
y otra es besada”
M. Benedetti.

Y aquí de mi inspiración, mi primer intento de Haiku:

“Plenitud de noche estrellada
ausencia de luna
cala el Frío Enero”
S.a.l.w.
Silvia.

Friday, January 19, 2007





Historias de Roedores



II



Apodemos Sylvaticus


El corazón me quedó latiendo desbocado un rato, mientras con la garrita apoyada en la grasienta pared no encontraba argumentos para convencerme de que estaría bien allí dentro, todavía tenia esa mirada de ojos negros sobre mí, sin sorpresa, sin miedo, sin asco, sin grito, solo esa mirada sostenida de simple reconocimiento, quería gritarle: “Soy lo que ve Señora”, mis ansias de investigar y divertirme en este nuevo lugar quedaron congeladas por esos mismos ojos.

Han pasado dos días, me he recuperado del susto de mi entrada, y he dado vueltas de reconocimiento, el lugar tiene algo que me atrae, ayer roí unos cables de unos audífonos, mala cosa porque con toda esa evidencia solo logre que la Doña este segura de que me vio, aunque lo negáramos ambos estamos claros que esta es la guerra. Y es a muerte, la mía, es decir la guerra es a que yo me muera.




Hoy en la mañana pusieron dos trampas con trozos de cambur, de esas trampitas ordinarias para ratones me tape la boca para reírme si hubiese querido cambur me hubiese ido al jardín de atrás, después de la pared. Aquí también vive una bestia peluda pero no parece tan grande y puedo contarles que se la pasa durmiendo, lo he visto de cerca, no le interesan los mamíferos de sangre caliente como yo, parece tener una debilidad por cazar insectos, debo reconocer que es hábil, pero un tanto tonto, lo he visto picado por lo menos un par de veces y alguna atorado con un par de alas que lo tiene toda la noche dando arcadas y molestando el sueño de los Señores.

Entre sus hábitos esta el de dejar siempre algo de comida seca en su plato y agua, lo cual me parece una comodidad cinco estrellas, establecí mi arrea de comida cerca de la él, para evitar estar acarreando mucho.

Todas las noches hago mis rondas. Llevaba días cuidándome de no ser visto (oído jamás soy muy pero muy sigiloso) camino sobre los mesones de la cocina por si hay algo derramado, me burlo de las trampas con fruta, a una novedad cambiaron el cambur por sardinas de lata, eso huele tan mal que ni me acerco. Otra vez me vio la Señora, esta vez me ha parecido que se enfado, me eche un viajecito por la casa, las cosas en la cocina se están poniendo difíciles, el Señor compra una pega que derramo sobre unos cartones y desparramo por la cocina, es que conseguí una maceta con una linda flor y en cuanto mis garras tocaron la tierra perdí la noción de donde estaba y escarbe.

Entre en el cuarto de la niña, subí por el closet y descubrí un mundo de mi tamaño con todo lo necesario hasta ropa de mi talla si hubiese querido cubrir mis tres pelos, dentro de una caja dormidas replicas de Señoras, rubias como el sol, pelirrojas, morenas, les pase por delante, les hable, les puse las garras amenazándolas y ni una vez gritaron, me aburrí, y comprendí que no puedo estar errante, tengo que hacer un nido y buscar a mi familia, para que se muden conmigo a este mundo inmenso y con todo lo que necesitamos para vivir.

La Señora habla por primera vez de envenenarme,antes lo menciono quizás alguna vez, pero siempre desecho la idea la mascota podría de alguna manera que desconozco sufrir daños, pero ya no me tolera, ya no va a tratar de atraparme con la trampa y el cambur (jijijijiji) ni con las sardinas disecadas y la pega, toda esta alharaca ha sido porque para hacer mi nido me valí de unos papeles que tenia en una gaveta, y como no me sirven enteros los hice tiritas, así que la mitad de un poema de Benedetti, el articulo sobre Ciudad de México y sus museos, una parte de una foto recortada de Ricardo Arjona y la muestra que durante un año guardo con la medida del envoltorio de los polvorones navideños la sacaron de sus casillas. No estoy asustado, desde el mismo día en que nos vimos por primera vez sabia que esto llegaría ha sido cuestión de tiempo. Ha valido la pena cada segundo vivido.

Ayer en la noche, detrás del mueble donde acumulo mi comida, donde suelo comer y dejar para el día siguiente, apareció una semilla de color rosa, de un sabor delicioso, irresistible.

Esta noche había mas semillas rosas, esta misma noche se me tenso él estomago y escupí una espuma rosada, esta noche comprendí que lo había hecho, que lo hizo, me enveneno, estoy muerto sin morir todavía.

Gano esta batalla, voy a morir es cierto, pero no me va a encontrar hasta que sea demasiado tarde. Será mi venganza.



Silvia.
2.007

Wednesday, January 17, 2007

Historias de Roedores


I



Apodemos Sylvaticus



Mi nombre es Apodemos Sylvaticus, de los de por estos lados, no sé cuantas veces tatara-nieto del primer Sylvaticus que llego a estas tierras proveniente de unas islas Españolas. Vino en un galeón como los que ya no se ven, cómodamente acostado en un saco de papas.

Del que llego aquí por primera vez solo me quedo el nombre y tres pelos rojizos en el lomo que atraen a las féminas como un imán. Vengo de una familia con pocos apegos, aunque vivimos todos juntos, en cuanto fui lo suficientemente fuerte como para buscar alimento por mi mismo, mamá me dejo a mi aire probablemente para dedicarse a cuidar a otros tantos hermanitos.

Por un tiempo me dedique a lo que todos los demás, afile mis garras en alguna roca, me alimente de brotes y de semillas, disfrute de la temporada de aguacates y de la exquisita temporada de mangos, de la de naranjas no quiero ni hablar, porque esos excesos de vitamina C no van conmigo. Logre escurrirme con los nervios tensándome el cuerpo de las bestias peludas de grandes fauces y de las despreciativas ratas, busque nido y hasta esposa, pero me aburrí, bien decía mamá que yo nací distinto.

La rampa de cemento me atraía, ¿hasta donde llegaría? ¿Qué cosas había después?, Algunos miembros de la familia emigraban a lugares mejores, eso ya lo sabia pero siempre hacia el sur, al otro lado de la pared, donde matorrales gigantescos ocultan abundantes matas de plátanos y cambures, era un mundo conocido, para mi mas de lo mismo lo mío era descubrir mundos nuevos, diferentes lunas, lo malo estaba en que hacia donde yo quería ir iban las bestias todas las noches, así que gastaba los días en inventarme rutas, en atisbar un hueco, un pasaje, una rendija donde encogerme y avanzar hasta llegar.

Al fin llego mi momento, al claro de una luna llena de Octubre, las bestias se quedaron encerradas un poco mas de lo usual, así que subí corriendo, encogiendo las patas traseras y flexionando el cuerpo todo lo que podía, sudando el pelaje en el intento llegue a una palmera gigante, llegue a una puerta amarilla, a una ventana, me entretuve viendo el cielo, oyendo el viento.

No sé cuantas horas quede atrapado, aterrado de dar un paso, de estornudar muy fuerte de no poder salir de allí. Poco antes del amanecer corrí hacia una reja negra, por una manguera que hacia las veces de puente y en el preciso instante en el que mis quince centímetros de cola terminaban de entrar, se encendió una luz que me cegó, luego la vi y ella me vio por una fracción de segundos porque algo en él estomago me empujo a salir corriendo, esta vez me colé por un hueco de la cocina de tres centímetros, una vez del otro lado me quede asombrado de la flexibilidad de mi cuerpo, de la forma que se encoge sin que ni tan siquiera me de tiempo a pensarlo mucho.

Continuara…