Thursday, October 19, 2006



Me gustan los Árboles




_ Y ahora, ¿qué voy a pintar? _ pregunto el pintor, mas bien para sí mismo
_ Pinta árboles vistos desde abajo_ respondí al instante inundándome de imágenes gratas.
_ ¿Qué dices? Nunca he escuchado algo tan absurdo.

“Ni tanto” pensé cuidándome bien de cerrar la boca.
Si alguna vez termina uno acostado en la grama bajo un árbol sabe de que hablo, primero se ve un universo de hojas juntas, sometidas a la voluntad del viento, entre sus espacios, entre sus movimientos: Retazos del cielo, rayos de sol que nos dan justo en los ojos un segundo y al siguiente no, guarecida de las inclemencias del clima en su interior, estos guerreros del tiempo me gustan desde siempre hay recuerdos que vienen atados a su verdor y me es imposible separarlos.

Aquel túnel verde de Lezica cada vez que visitaba a mi tío, anunciándome que ya estaba llegando a su casa, árboles enfrentados a lado y lado de la calle, crecieron durante años, entrelazando sus ramas, estrechando su lazo, cerrando un techo natural que visto desde el auto me parecía un tapiz de luces parpadeantes y brillantes.

O quizás deba contarles como aprendí el nombre del árbol que da nueces: Llegue a esa casa vieja en La Plata y él estaba allí, entristecido en el patio trasero, muriendo sin que nadie se atreviera a terminar con su agonía, tenia un tronco robusto, pero ajado tanto que nos daba miedo tratar de subir por el, apoyados en una rama oíamos su crujido interno, daba la impresión de querer desplomarse sobre si mismo a diario, y todos sus frutos estaban llenos de telarañas, sin embargo estuvo allí, nos observó todo el verano jugando en la piscina dándonos la poca sombra que proyectaba al estirar sus brazos, nos escondió en nuestros juegos de las tardes y se dio tiempo de conocer a nuestro pequeño perrito en navidad. Me gusta pensar en él, dueño y señor del pequeño patio trasero.

Evocar los árboles de Aragua, los que están en la vía, con ese verde tan desbordante, con esos troncos tan robustos y vitales, uno tras otro a la orilla del camino, anuncian la entrada a la tierra de héroes, centinelas incansables de marrón y verde, decorando el cielo azul con sus copas, refrescando el sofocón de la tarde, el bochorno constante de la noche.

Me da la impresión de que siempre han estado allí, aguardándonos, arrojados a tantas historias. Desde el mismo momento en que Eva cayo en la tentación con ese inocente manzano, o mucho antes, cuando no sabíamos todavía referirnos a nosotros como seres humanos. Refugio y morada de todos los seres alados de los cuentos, de algún oso travieso despistado en el bosque, de las criaturas más fuertes y de los más frágiles por igual.

Me gusta ver sus siluetas cuando amanece, desde el gris sin prisma hasta sus ostentosos verdes, me gusta ver su silueta contra el cielo azul, fragmentada en miles de hojas que se mecen con el viento, me gusta ver su resistencia a las tormentas, esa voluntad férrea de dejar por sentado que de esas raíces no lo mueve nadie aunque en el intento sacrifique algunas ramas. Me gusta ver su alboroto ante él roció mañanero, ante la lluvia fresca, que le sirve de baño para tanta tierra acumulada en sus hojas y al mismo tiempo le calma la sed.

Me gusta saber que estaban aquí antes que yo, y que estarán después, aunque reconozco que cada día su supervivencia es más difícil, no a todos le gustan los árboles como a mí.


Silvia

Thursday, October 12, 2006



FRIDA kHALO


Frida llego a mi vida y no me di cuenta. Pero se quedo rezagada en mis recuerdos, escondida de mi misma para evitar que la expulsara con un gesto de sobrada groseria. Quería quedarse en mi corazón y temía que no la dejase.


Todos los días llegan, querida Frida, es así como hoy lamento no haberle parado mas a mi libro de Artística, ahora no se como se llama esa materia de liceo, Arte, Historia del Arte, da igual.
Quisiera volver a ese instante y sentirme motivada a aprender, a conocer, a ver, doy vuelta las paginas en mis recuerdos, tantas obras maravillosas y entre ellas la de tuya, en ese entonces me enamore del cubismo, de un Picasso cuadrado que pintaba lo que yo podía entender, incluso lo que yo podía copiar, escogí una obra de cubos para mi presentación de ejercicio, se premiaría el mejor y lo colocarían en la cartelera frente al salón. Soñé con esa cartelera desalentada y con mis cubos de colores sin alma, ansiaba que fueran escogidos y al mismo tiempo sabia que algo tan sin gracia no tendría oportunidad frente a tanto talento en competencia.


Fue Dalí y sus cuadros surrealistas llenos de detalles en los que podía perderme mientras una profesora de voz nasal y cabellos rubios rebeldes hablaba y hablaba sin parar de todo lo que era necesario memorizar para el examen el que me salvo del aburrimiento.


Ella enamorada del arte, tan egoístamente enamorada que no pudo nunca compartir con sus alumnos ese amor. No nos contó nunca que la vida es distinta afuera del aula, que más que rellenar un examen era necesario contener el aliento al ver una pintura de Leonardo Da Vinci, o cualquier otro, observar los trazos, los rasgos, las miradas. Sentir el arte, conseguir que corra por las venas, comprender que esos pintores y pintoras que existieron en otras épocas abrieron camino a las nuevas expresiones de arte.


Fastidiada de sus discursos, terminaba cada clase preguntándome lo mismo: ¿Para que me va a servir esto en la vida? Y no había nadie ni siquiera ella con una respuesta coherente a mi lado, con una invitación más interesante que la de pasar a otro nivel y archivar para siempre el libro.
“La Columna Rota” era uno de los cuadros en el libro, mi amigo David le había repasado los contornos del cuerpo con lápiz negro. Nunca me preguntaron por ella en un examen, quedo arrinconada en los recuerdos, con lo que yo nombraba tristeza siempre presente.


Un día cualquiera en una revista de mujeres, salía la foto de un cuadro tuyo, un autorretrato donde te asomabas a una inmensidad de alcauciles, yo les digo cartuchos, la flor preferida de mi abuelo Peter, me llamo la atención lo serena que se te veía Frida, casi feliz, algo tan poco usual en ti.


Después la revista desapareció.


Desde entonces nos hemos dedicado a conocernos, te quedaste aquí, en mi corazón, entre tanto vuelvo a buscar la bonita imagen del cuadro por todas partes. Llegue a pensar que no existe, he paseado por Internet pagina por pagina, por libros de tus pinturas, y no la he vuelto a ver. Hay días en que creo que la soñé, que la invente solita, para sacarte de tanto dolor, y brindarle un poco de paz.

Conoces el sufrimiento desde siempre, y en lugar de retraerte te alentó aunque de a ratos se intensificara, es lo que más se ve en tus pinturas, corazones sangrantes y fetos no nacidos. Sin embargo nunca te distes por vencida, jamás escogiste como opción desistir de sus sueños, me lo recuerdas siempre desde la fotografía que tengo en tu libro, una Frida distinta, reposada y hermosa, de trenzas enrolladas y uñas pintadas de rojo. Allí retratada por tu amante pareces tan ajena a todo ese dolor que te toco vivir.

Sigo en mi búsqueda, sin prisas pero sin pausa y entre tanto descubro coincidencias insólitas que me dejan un tanto confundida como saber querida Frida te rendiste al sueño eterno un 13 de Julio.


Silvia.